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F & G Consultores.- 12 de marzo del 2019/ Dicen que más vale prevenir que lamentar y es justamente lo que las instituciones de intermediación financiera -a escala global- han estado haciendo, mediante la práctica de dar término o rechazar ciertas vinculaciones comerciales como consecuencia de la amplitud de requerimientos regulatorios y el reforzamiento de esquemas de cumplimiento basados en riesgo y enfocados en combatir el lavado de activos, el financiamiento del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.

Esta estrategia tendente a la eliminación de riesgos es conocida como "De-Risking" que, según la Asociación de Supervisores Bancarios de las Américas, es el proceso en el cual las instituciones financieras abandonan o reducen significativamente ciertas líneas de negocio para evitar riesgos regulatorios y de cumplimiento.

El riesgo regulatorio supone la posibilidad de afección de un valor, negocio, sector o mercado producido por un cambio en alguna ley; y el riesgo de cumplimiento prevé aquellas pérdidas que, de carácter financiero, material o reputacional, puede sufrir una entidad de intermediación financiera como resultado de la imposición de sanciones legales por falta de cumplimiento a la regulación.

La práctica del De-Risking no es nueva. Eliminar riesgos desvinculando o rechazando clientes o potenciales clientes siempre ha sido parte de las estrategias de prevención del sector financiero. Sin embargo, su práctica se ha hecho más frecuente en la medida en la que tanto el esquema regulatorio como los estándares internacionales han evolucionado y precisado mayor escrutinio, mejoras significativas en procesos y expectativas de cumplimiento más amplias.

Puede inferirse que la crisis financiera de Estados Unidos en los años 2008 y 2009 constituye, en buena parte, el hecho generador de la intensificación del De-Risking en el mundo, y con ello, la lucha dirigida a evitar el ingreso de activos vinculados a presuntas actividades terroristas, de narcotráfico o a la evasión de impuestos al sistema bancario.

En los últimos años, las exigencias regulatorias han ido en ascenso, lo cual ha supuesto -asimismo- la imposición de sanciones multimillonarias en contra de grandes entidades de intermediación financiera, sobre todo, de los Estados Unidos.

Un ejemplo de esto es que en 2011 fueron pagados US$26.6 millones en multas, sin embargo, en 2012 esta suma ascendió a los US$3.5 mil millones, según datos ofrecidos por la Asociación de Especialistas Certificados en contra del Lavado de Dinero (ACAMS).

Un dato interesante es que, de acuerdo con las estadísticas de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC), el sector bancario estadounidense percibió US$700 mil millones en ganancia entre los años 2007 y 2014, de los cuales US$150 mil millones fueron pagados en multas, acuerdos y sanciones en general.

Otros casos notorios de sanciones de esta naturaleza, principalmente por incumplir normativas y leyes en materia de prevención de lavado de activos, han sido la imposición de una multa ascendente a US$100 millones a MoneyGram International, Inc. por no contar con un programa de cumplimiento efectivo en 2012; y la imposición de multas ascendentes a US$461 millones en perjuicio de JP Morgan Chase Bank, en enero de 2014, por lo propio.

Así pues, estas sanciones de carácter monetario por debilidades en los sistemas y controles de prevención de lavado han producido, naturalmente, que las entidades de intermediación efectúen una labor de reingeniería en sus programas de cumplimiento.

Ahora bien, hay una gran parte del sector que considera que el De-Risking es una reacción estereotipada, excluyente y discriminatoria que opera en perjuicio de clientes y de la banca corresponsal. ¿Por qué? Recordemos, en primer lugar, que el concepto básico de De-Risking supone la desvinculación de un cliente que no se corresponde con el apetito de riesgo de la entidad de que se trate, o -en todo caso- el rechazo de un potencial cliente por lo mismo.

Esto se deriva de varios aspectos, dentro de los cuales se encuentran: que la actividad económica a la que se dedique el potencial cliente sea de extremo riesgo, que el país al que pertenezca este haya sido sancionado o tienda a admitir altos niveles de corrupción y criminalidad, su condición de persona expuesta políticamente en una jurisdicción de alto riesgo, entre otros.

En general, el efecto con mayor preponderancia que arguye esta parte del sector se centra en la exclusión financiera. En ese sentido, sostienen que "los cierres de cuenta por parte de la Banca tienen significativos efectos humanitarios, económicos y políticos, ya que cercenan el acceso a las finanzas aislando a comunidades del sistema financiero, promoviendo el desarrollo de mercados paralelos con mayores riesgos y mayores costos para sus usuarios (...) ".

Ciertamente, uno de los principios subyacentes del sector económico es la inclusión financiera y, en ese sentido, somos de opinión que el uso desproporcionado del De-Risking afectaría el desarrollo de un principio tan fundamental como este. Sin embargo, no menos cierto es que iniciativas de reducción de riesgos podrían ser beneficiosas para la estructura operativa de una entidad, puesto que al racionalizar el modelo de negocios en virtud del cual opera, su estrategia de prevención corporativa se fortalece, ya que se centra en aspectos en específico y reduce significativamente los riesgos a considerar.

República Dominicana, por su parte, es cuna de aplicación de normativas y estándares admitidos por jurisdicciones tales como Estados Unidos y otros países de Latinoamérica y, por tanto, ha heredado la necesidad imperativa de reducir riesgos en los diversos procesos llevados a cabo a través del sector financiero.

La promulgación de la Ley núm. 155-17 es un ejemplo del compromiso asumido por el país respecto de la implementación De-Risking; y así lo son diversas normas sectoriales, puesto todas estas promueven un enfoque basado en riesgo. Por esto vemos que, cada vez más, las entidades de intermediación financiera ejercer mayor escrutinio en sus procesos.

El enfoque basado en riesgo apela a la proactividad de parte de las instituciones en la búsqueda de información que vulneren o amenacen a la entidad en cuestión y al sector económico de un país.

Pese a las desventajas que pueda suponer el De-Risking (de ser aplicado de forma desproporcional), el ejercicio de eliminación de riesgos siempre debe ser una prioridad para las entidades de intermediación financiera, y así lo ha mantenido el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), pues constituyen parte esencial en el ejercicio de prevenir la legitimación de dinero producto de actividades ilícitas, como el lavado de activos, el financiamiento del terrorismo, el fraude, la evasión de impuestos, entre muchos otros delitos que cercenan la económica de una nación, y con ello, la estabilidad y bienestar de sus ciudadanos.

*NOTA ACLARATORIA: La Publicación de este tipo de información por parte de la UAF, es de carácter referencial y de mera ilustración para los usuarios de la página web sobre determinadas novedades y/o tópicos de especial interés en la materia de PLD/FT; y consecuentemente tiene como único fin la recomendación de lectura para su conocimiento. No constituye, por consiguiente, ninguna instrucción por parte de la UAF ni obligación alguna para los Usuarios del Sitio Web de la UAF.

Texto original publicado en: https://www.fgconsultores.com.ar/l/de-risking-el-riesgo-de-no-asumir-riesgos/

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